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Fernando Mayorga

A pie, recorriendo los límites del tiempo...

Arte utilitario maya

En Guayaquil, desde mi escritorio.

«Vaso del conejo escriba»

Cuenta el Popol Vuh como Junajpú e Xbalamqué descienden al inframundo ”Xibalbá” y se enfrentan a los Señores de la muerte en el ritual juego de pelota para definir la continuidad del universo. Con tretas y engaño los Señores de la muerte estaban venciendo a los gemelos Junajpú e Xbalamqué, y habían decapitado a uno de ellos; pero con la ayuda de Imul “El conejo” quien se hizo pasar por la pelota de hule, Xbalamqué engaña a éstos y vuelve a vencerlos:

Puesta la cabeza de Junajpú en el atrio, los Señores fueron a celebrar el vencimiento de los muchachos y se pusieron a jugar la pelota.

Xbalamqué rebatió fuertemente la pelota que fue a caer junto a un tomatal donde estaba un conejo, aconsejado por Xbalamqué, que salió corriendo y los Señores detrás de él creyendo que era la pelota.

Quedó solo en el atrio e Xbalamqué tomó la cabeza de Junajpú y se la puso al cuerpo cambiándola por la cabeza de tortuga, la que colocó en su lugar en el atrio.

Los señores estaban admirados de ver que el prodigio que sucedía con Junajpú.*

En la cerámica maya aparecen pintadas con frecuencia lo que debieron ser narraciones míticas asociadas a la religión del período clásico, la mayoría son difíciles de interpretar, aunque algunas por estar identificadas con escenas del Popol Vuh sabemos su significado, tal es el caso del “Vaso del conejo escriba”.

La decoración del “Vaso del conejo escriba” o vaso “Princenton” incluye una escena mítico - narrativa inspirada en el Popol Vuh: En el centro aparece el dios L, gran Señor de Xibalbá y su corte femenina; al pie de éste está sentado un conejo antropomorfo que se desempeña como escriba de la corte, está redactando un códice, probablemente el Popol Vuh.

Parece ser que el dios “L”, así denominado por los investigadores al desconocer su nombre, presidía el inframundo y cómo apunta Miguel Rivera** “Ningún otro dios maya tiene un complejo simbólico tan rico y tan potencialmente significativo…” (véase la imagen del Templo de la Cruz de Palenque, abajo). Sobre la iconografía de éste dios Rivera explica:

Por tanto, se le representa como un anciano con unos atributos perfectamente explícitos y constantes: Fuma un enorme cigarro, viste una piel de jaguar, luce en la cabeza un gran sombrero de plumas de búho (a menudo con el mismo pájaro sobre las plumas), porta un cayado, sujeta un bulto, lleva en la cabeza el glifo ka’an y los numerales 13 o 10. Además, en algunas escenas un conejo o un enano le quita o le entrega cayado, capa, sombrero y collar. En otras escenas retiene a la diosa de la luna hasta que ésta es rescatada por el sol en forma de ciervo.

Para concluir, es importante señalar que los vasos de cerámica pintada tuvieron su apogeo en el período maya Clásico, es arte elitista utilizado por los nobles quienes los intercambiaban como regalos en los banquetes; este tipo de recipientes cilíndricos también eran de uso ceremonial para tomar cacao.

Arriba izquierda: Imagen del dios L en un panel del Templo de la Cruz de Palenque. * Albertina Saravia. Popol Wuj “Antiguas historias de los indios quichés de Guatemala”. Ed. Porrúa. México: 2007.
** Miguel Rivera Dorado. El pensamiento religioso de loa antiguos mayas. Ed. Trotta. Madrid: 2006.

Hasta pronto

Publicado por Fernando el 08 Nov 2014
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